Por remover la mierda

miércoles, 10 de febrero de 2010

No lo podía creer. Toda mi carrera de juez pendía de un hilo tan fino como la decencia de esos canallas que me habían llevado al patíbulo.

Yo pensaba que tras el 75, justo después de toda aquella barbarie, la sociedad había evolucionado, cambiado... y ahora, años después, cuando he tenido la oportunidad de cerrar un tenebroso capítulo de nuestra nación, los bastardos ideológicos de aquella generación, han conseguido ponerme ante la soga de las siete vueltas.

En eso pensaba mientras veía como toda aquella gente me gritaba. No les escuchaba, pero sí sentía cada una de aquellas palabras como si me fueran escupidas directamente a la cara.

Uno, dos, tres, cuatro... conté pausadamente los diez escalones de vieja madera que me alejaban del suelo y asegurarían un final lo más decente posible para lo que he sido hasta ahora. Sabía a ciencia cierta el protocolo, pero no pude menos que sorprenderme cuando allí arriba, con el viento de cara y los abucheos de fondo, vi a esa hija de puta llamada Justicia. La muy zorra tenía los ojos vendados, y una sonrisa taimada daba sentido a un rostro casi inhumano. A su diestra, aquella mortecina figura sujetaba una balanza, a su siniestra, una espada recién afilada esperaba ser usada.

Con sumo cuidado, pero con total profesionalidad, Justicia rodeó mi cuello con la áspera cuerda y acto seguido ajustó el nudo. Perfecto.

¿En qué pensaba mientras caía por el hueco del patíbulo? No sentí pena por mi carrera de juez, ya muerta, ni tan siquiera por mí, ya desechado por la sociedad. Tan sólo me invadió una agobiante sensación de asco, una arcada rancia al recordar que todo aquello me había pasado por creer en Justicia, por intentar restablecer la dignidad a todo un país, que durante cuarenta años, estuvo sometido bajo el yugo fascista y la sinrazón de la dictadura.

Al final, sólo pensé que aquello me estaba bien empleado por remover la mierda que todavía huele, en la gloriosa historia de España.
Dedicado al magistrado Baltasar Garzón, quien un día intentó hacer Justicia, y ésta le dio por el culo.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Sobrecogedor. Sin más.
Adhahh