Yo he crecido con sus aciertos y errores. Con sus triunfos y derrotas. No soy 'raulista', tan sólo un amante del deporte, y nadie como Raúl ha representado tan bien al deporte del fútbol en la última década y media en este país. Porque como bien explica Manu Bayona, Raúl no era el más rápido, el más habilidoso, o el más fuerte. Él ha sido un trabajador del balón, que se ha currado su puesto a golpe de sudor. Y siempre ha estado ahí.
Pero en esta tierra todo tiene su momento, y el de Raúl ha pasado. Ya no puede jugar a nivel profesional con el Real Madrid, porque no es justo ver su caricatura esforzarse en llegar al balón, como si un niño de párbulos intentara jugar con los mayores del cole. Y es en el amargo momento del retiro cuando esa gran institución deportiva que es el Real Madrid, debería sentarse a hablar con el jugador, y darle un adiós en mayúsculas. ¿Quiere cobrar el último año de su contrato? Bueno, ¿y por qué no? Para que ese dinero se lo lleve un francés relacionado con prostitutas, un portugués prepotente en horas bajas, o un brasileño con todo por demostrar en el club blanco, yo digo que se lo demos a nuestro jugador, a nuestro Raúl. A ese que silenció a los aficionados del eterno rival, al que creció con nosotros y dijo no al equipo del manzanares. Al que ha llorado y reído conmigo, y contigo, en estos 15 años. Si el capitán del mejor club del siglo XX quiere cobrar su último año tras darnos tantos títulos como goles, yo digo que se le de un cheque en blanco, y el próximo estadio del Madrid lleve su ilustre nombre.
En el Real Madrid 'impossible is nothing'. Es capaz de lo mejor y de lo peor. De echar a un Del Bosque ganando ligas, retirar a Hierro como si fuera uno más, o darle al eterno 7, la despedida que se merece. Ojalá, sea así.















